miércoles, 17 de octubre de 2012

FELIPE LARA ( 39 ) Romance

39
CURSO:
ORIGEN Y EVOLUCIÓN DEL FLAMENCO

                                              

Por Felipe Lara 
Colaboración musical: 
Felipe Gértrudix y Manuel Gértrudix





Romance

   El romance era una composición poética de línea musical monótona. Con la llegada de los gitanos a la Península Ibérica en el siglo XV este cante fue adquiriendo nuevos matices por la aportación artística y fuerza expresiva gitana. La corrida o romance, que así se llamó en otros tiempos, se cantó de muy diversas formas, con bandurrias, mandolinas y en muchos casos, libre y sin acompañamiento musical, por gitanos camineros, alfareros, y tratantes de ganado de Andalucía y Extremadura. Posteriormente fue adaptado al ritmo básico de la soleá por los maestros del cante de principios del siglo XX, pasando a ser la guitarra el instrumento principal, y la mayoría de las veces exclusivo, para su acompañamiento.



   Un enorme rodeo de ganado circunda una laguna en la que el agua mana de forma natural. En los palos horizontalmente colocados, se atan caballos, mulos y borricos, objeto principal de la feria, junto con animales de otras especies que, en improvisados corralillos, son expuestos para el chalaneo: vacas, ovejas, cerdos, gallinas...

   El ambiente del ferial está en su más completa animación por la movida actividad que vendedores, compradores y marchantes desarrollan al hacer sus tratos. Un ciego, con su mano en el hombro del lazarillo que le acompaña, recorre los pasillos del rodeo cantando el romance que cuenta el último suceso trágico y que tiene consternados a paisanos y forasteros.





AUDIO
"Por caminos polvorientos"
Cante y letra: FELIPE LARA
Guitarra: Félix de Utrera
Grabación de 1.971



Romance: primeramente aplicado a la manera de hablar romano y más tarde a las lenguas neolatinas y a los escritos de éstas, compuestos en verso o prosa. El origen del romance hay que buscarlo en el siglo XV, en Castilla, aunque después se interpretará por toda Europa.  




-Está en compás de soleá, que es el producto de una combinación de compases binarios y ternarios, que da lugar a un ritmo de 12 pulsos simétricos, de los que se acentúan el 3, 6, 8 y 10, quedando en silencio los pulsos 11 y 12.
-Cuartetas octosilábicas en las que unas veces riman los versos primero y tercero y el segundo con el cuarto, en las coplas más acentuadas del cante. Otras tienen un recitado libre sobre la parte más llana de la melodía.
-La variedad poética de sus letras no tiene límite, pues no en vano el romance está considerado como el más antiguo filón del que se extrajo la primera y más abundante sabia flamenca.





POR CAMINOS POLVORIENTOS
romance

A la sierra caminaba,
por caminos polvorientos,
cuchillo en mano llevaba,
iba de sangre sediento.
Vengar la muerte quería,
de su hermano de su entraña,
sin descanso noche y día,
en busca de su venganza.
Al cabo de muchas lunas
se encontró con su enemigo,
gritando a los cuatro vientos,
pistola en mano y cuchillo.
En frente de mi te tengo,
si presumes de valiente,
desde muy lejos yo vengo
pá matarte frente a frente.
A mi hermano lo mataste,
sin compasión, ni motivos
a la sierra te escapaste.
¡No te vale tu cuchillo!
No me importa haber matao,
ni las rejas del presidio.


Enlaces:
Felipe Lara: Quejío Flamenco
Felipe Lara: Curriculum
CÁCERES. "Ciudad de Juglares"
Romance Reyerta por Felipe Lara




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Si muchos amigos tuviera,
como tú, Pedro Delgado:
Extremadura, mi tierra
jamás me hubiese olvidado.

Sigue sonando el teléfono
de mi casa o mi bolsillo
porque entidades me llaman
para que dé algún cursillo:
en regiones muy diversas
de España y otros mundillos;
alejados de aquél pueblo
donde jugué de chiquillo.

Iluso espero, me diga
un organismo “castúo”:
¡Ven a cantar a tu tierra
antes de que quedes “muo”!

Primera parte de un poema de Felipe Lara 
(Continuará en próxima entrega)


Una vez más mi amigo Felipe Lara me hace protagonista de su inagotable manantial creativo. Quede aquí registrado esperando que tu quejío poético, amigo Felipe, llegue a ciertos oídos sordos. Aunque ya se sabe que no hay sordo más sordo que el que no quiere oír.