viernes, 25 de abril de 2008

FERIA DEL LIBRO Y FLAMENCO


Con motivo de la IX Edición de la Feria del Libro: Literatura y Música, se celebró ayer, en la carpa de presentaciones instalada en el Paseo de Cánovas, una velada flamenca en la que actuaron:


Félix Grande
  • Félix Grande habló de la "Pequeña gran historia del flamenco".



Paco del Pozo



Antonio Carrión


El flamencólogo emeritense, con la simpatía de siempre, habló del estremecedor lenguaje flamenco y la poética universal que encierra, siendo, lo más maravilloso y sorprendente, el hecho de que fuera elaborado por la sabiduría popular de personas analfabetas. Lo mismo se podría decir de la música, creada por gentes que no sabían ni leer una partitura.

Una música y un lenguaje con tal fondo expresivo, que constituye una lección de la historia social del siglo XIX, sólo pudo nacer de una situación de marginación, persecución, hambre, fatigas y penas y que serviría como consuelo en el ámbito familiar.

El flamenco nos da otra lección moral: payos y gitanos, ambos con sentimientos racistas y xenófobos hacia el otro, se juntan y se toleran en el sentir flamenco.

Tras leer un poema de Alberti en el exilio ("Tan sólo y penando...") dio paso al cantaor para que interpretara unas alegrías con sabor gaditano que nos recordaron a Pericón, Manolo Vargas, El Flecha, Chano Lobato... Paco del Pozo, como había predicho D. Félix, cantó "..con la fuerza de la juventud y la sabiduría de un viejo..." insistiendo en que lo de viejo se empleaba en el sentido más noble de la palabra, o sea de persona sabia y experimentada por la vida.

Tras confesar el conferenciante ser un "...guitarrista fracasado...", Antonio Carrión interpretó unas bulerías llenas de ritmo, compás y salero gaditanos, permitiéndose un interludio musical con compases del cancionero popular extremeño.

En el último cuarto del siglo XVIII se tienen noticias, sin confirmar, de Tío Luís el de la Juliana, aguador de profesión y cantador de tonás. Se crean los primeros cantes, todavía sin acompañamiento de guitarra, y tras leer un poema de Ricardo Molina (Yo la sentí una noche...) escuchamos a Paco una impresionante ronda de tonás "a palo seco", como debe ser. Un martinete, que interpretó Antonio Mairena en muchas ocasiones, un toná-carcelera con final recordando a la toná del Cristo, la clásica debla trianera y la toná de remate imprimiendo a todo el conjunto una jondura, un sentimiento, un ritmo pausado y un toque personal.

Continuando con la pequeña gran historia de la formación del cante, el conferenciante contó alguna divertida anécdota sobre Silverio Franconetti y los Cafés Cantantes. En este institución, el cantaor pasó de artista mendigo, cantando por las tabernas y colmaos (cuando su otra profesión de herrero, aguador o bracero se lo permitía) a cambio de algo de comer que llevar a su casa, a artista profesional que cantaba todos los días, en un sitio fijo y con un sueldo pequeño pero seguro. Fue la época dorada del cante en la que se crearon la mayoría de los estilos y se unió la guitarra a la voz del cantaor. Sin este apoyo de la guitarra, el cante flamenco no habría podido crecer como lo ha hecho.

Para corroborar esta teoría, Paco del Pozo cantó unas estremecedoras seguiriyas. La primera con aires del Sr. Manuel Molina, la segunda de Paco La Luz y remató con una de las más conocidas cabales del gran Silverio. No me atrevo a decir que fue el momento cumbre de la velada porque toda ella lo fue. El madrileño las bordó: sentimiento, dolor, desconsuelo, grito desgarrado y todo lo que se había dicho sobre el flamenco, nos lo trasmitió el cantaor al que seguramente despertaron los aplausos del público puesto en pie. Don Félix sólo comentó: ¡Ya ven ustedes que esto va en serio!

Tras la lectura del poema que Federico García Lorca dedicó a Silverio (Entre italiano y flamenco...) y del soneto de Antonio Machado hijo a su padre (Esta luz es débil...) se habló del Concurso de Cante de Granada de 1.922, organizado por Falla, Lorca y otros intelectuales para reinvindicar el cante y acabar con el antiflamenquismo reinante entre los "intelectuales" de la época. El músico gaditano, horrorizado por el asesinato de su amigo Federico, se exilió voluntariamente jurando no volver jamás vivo a aquella España de la Guerra Civil. Cuando murió en Córdaba (Argentina) sólo dejó, en su humilde habitación, un montón de partituras y un disco de pizarra de Diego El Tenazas, ganador del concurso granadino, con unas soleares. Fue como una silenciosa reivindicación del arte flamenco. Esto dio pie al cante por soleá de Paco del Pozo. Comenzó, como suele ser habitual, por las de Alcalá de Joaquín el de Paula, evocó a Fernanda de Utrera y remató con soleares del maestro Mairena.

Todas las letras interpretadas en la velada eran populares, de las que tienen ese saber que da la memoria de la vida. Don Féix se paró a comentar aquella que dice:

""Qué quieres de mí
si hasta el agüita que bebo

permiso te pido a ti.""

Tras disertar sobre la teoría de García Lorca sobre el ángel, la musa y el duende y contar alguna anécdota sobre el tema, Paco del Pozo cantó por tientos - tangos. Hizo una soberbia interpretación de los tangos extremeños, lentos, paraos, con una valentía desgarradora, con coraje, con rabia y sin huir de la dificultad que este cante encierra. Fue otro de los momentos álgidos de la noche con un público ya entregado, puesto en pie y aplaudiendo a rabiar.

Cuando todo parecía indicar que estábamos en el final de la velada y el narrador disculpándose por haberse pasado en el tiempo, el cantaor nos obsequió con un sentido cante por tarantas resuelto con la misma maestría y profesionalidad demostrada a lo largo de toda su actuación. Pero hubo más. Tras el recitado del poema de Manuel Machado "La Lola se va a Los Puertos" nos ofrecieron unas bulerías que, saliendo del ritmo trepidante de Jerez, pasando por la gracia gaditana y el reposo de Utrera y Lebrija, acabaron con la jondura de Triana.

Fue una gran velada flamenca. El narrador, no sólo por lo que dijo sino por cómo lo dijo, trasmitiendo su profundo respeto y amor hacia esta música tan racial. El cantaor con su voz rajá de metales fundíos y cobre viejo que evocaba los "soníos negros" de que hablara Manuel Torre. El guitarrista con su maestría en picados, tremolos y alzapúas. El público que se entregó a los artistas. Los cuatro se confabularon para que pasáramos una noche con "duende".


*****


Tu mare no dice na',

tu mare es de las que muerden

con la boquita cerrá.


Popular. Soleá, Paco del Pozo







2 comentarios:

MANUEL DELGADO dijo...

Pero bueno, me has dejao alucinado! Esto va a más, ya te lo dije, que engancha, y seguro que con lo bien que lo estás haciendo y lo buen crítico y redactor que eres te vas a meter a los flamenqueros en el bolsillo.
Enhorabuena! y que sigas disfrutando!!!

besinos

América dijo...

Maestro ni que me diga estoy loca con una version de Oblivion de Paco del Pozo.Claro que recuerdo esta entrada,es que usted es todo arte!